Jueves, 28 de agosto de 2008



Monumento en Leipzig - Alemania

Por:  Felipe Eduardo de la Rosa Bocanegra

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            El Festival Bach 2008 nos ha traído esta vez una serie de conciertos muy logrados y de una calidad muy uniforme. Se inició el jueves 7, con un recital de Francisco Pereda, artífice empeñoso de este festival y artista superlativamente entusiasta de la música clásica, violinista y excelente director de orquesta. El programa incluyó piezas de Dvorak, J. S. Bach, Sarasate, A. U. Calderón, Sandoval y Kreisler, que Pereda introdujo con entrañables memorias personales.

Al día siguiente tendría lugar la participación de la OST, con un programa extenso y variado. Dirigió Teófilo Alvarez la obertura del Don Giovanni de W. A. Mozart. Luego vendría el Primer Concierto para violín y orquesta de M. Bruch, una obra que tuvo a Ana María Ezaine como correcta solista, saliendo airosa en los momentos de bravura y estallido romántico. La segunda parte trajo la Primera Suite de Peer Gynt, una selección de cuatro fragmentos de la música incidental que el noruego E. Grieg compusiera para el drama de Ibsen.

El final estuvo reservado para una pieza del director titular de la OST, “Fuego Perpetuo”, cuyos episodios acerca de un ritual de los antiguos habitantes de México fueron narrados por el autor y sirvieron para aclarar el programa sobre el que se construye este cuadro sinfónico. La obra, interesante y colorida, fue de gran efecto y coronó con buen tono la velada.

El sábado se realizó el recital de Carlos Moscoso, talentoso violinista que se inició en el conservatorio local y continuó sus estudios en Francia. Ejecutó tres piezas para violín solo, la primera fuera de programa, pero fue la segunda, la célebre Chacona que concluye la Segunda Partita para violín solo de J. S. Bach, la que nos reveló a un solista de calidad, que la interpretó magníficamente, con un sonido de peso y plenitud y un cuidado estupendo del detalle y del estilo.

En la segunda parte ejecutaría la intrincada Sonatina No.5 para violín solo del director y compositor francés Jean Martinon. El programa se complementó con dos obras para violín y piano, con la participación del pianista trujillano Iván Marquina.

En la primera parte la Sonata para piano y violín K. 296 de W. A. Mozart, una obra diáfana y vibrante que exigió al máximo a sus intérpretes, y la pieza final de la velada, la Sonata Primavera para violín y piano de L. v. Beethoven, obra abordada con  entrega y entusiasmo por ambos solistas, alcanzándose muy buenos momentos, sobre todo en la brillante y tumultuosa coda que fue vigorosa y prolija conclusión de toda la interesantísima función.

Prosiguiendo con este caudal imparable de gratas experiencias musicales, el lunes en el Teatrín del INC, el Ensamble Michael Rabin dirigido por el maestro Pereda se reunió para ofrecer un suculento programa, que se inició con el Concierto para cuerdas en La mayor de Vivaldi, seguido por el conocido Concierto No.2 en Mi mayor para violín de J. S. Bach en el que Carlos Moscoso fue un más que correcto solista.

La segunda parte se inició con el Concierto en Fa menor para piano de J. S. Bach, con Samuel Chávez como solista. En todas estas piezas el ensamble de cuerdas acompañó con solvencia y con un timbre homogéneo y pleno.

El programa culminaría de la mejor manera con el Divertimento K. 136 de W. A. Mozart, una pieza jovial y feliz que tuvo una interpretación concordante, dentro de un ambiente risueño y de gran vitalidad. La pequeña orquesta deslumbró sobre todo en el vibrante Presto final, que tuvo que ser repetido ante el entusiasmo de todos los presentes.

Proseguiría el Festival con un recital de violín y contrabajo, que se inició con la Siciliana de la Sonata para violín solo de J. S. Bach, donde la violinista ucraniana Mariya Melnychuk demostró oficio en el dominio de su instrumento, así como un timbre de gran belleza.

El programa continuó con una entrega vibrante del primer movimiento del Concierto para violín de E. Elgar, con el acompañamiento discreto de la pianista rusa Eugenia Semianova. Dos piezas de Kreisler culminarían la presentación de la solista Melnychuk, confirmando sus dotes musicales.

En la segunda parte, el contrabajista ecuatoriano Andrés López se lució en muchos momentos con su instrumento, al que pocas veces tenemos oportunidad de escuchar como solista. Inició su participación con la Allemanda de la Segunda Suite para violonchelo solo de J. S. Bach.

Luego, acompañado por Semianova, tocaría el primer movimiento del Concierto de K. Dittersdorf, prolífico contemporáneo de Mozart, Haydn y Gluck, para seguir con dos piezas de Koussevitzky y finalizar con el Tango Kicho de Piazzolla.

El viernes 15 se volvió a presentar la OST dentro del programa del festival, esta vez bajo la dirección del mexicano David Hernández Bretón. Se inició la velada con la Serenata para cuerdas de Dag Wirén, la obra de más renombre de este compositor sueco del siglo pasado. La obra es interesante y su ejecución tuvo buenos momentos.

La pieza para contrabajo y orquesta de Ed Stein tiene toques de Weber y Hummel, una obra que destaca el lado melódico del instrumento. El final de la primera parte estaría a cargo de la violinista Melnychuk, quien sacó a relucir sus destrezas y un brillante manejo de su instrumento en la lírica y virtuosística Habanera para violín y orquesta de C. Saint-Saens, una pieza de refinado gusto y expresividad que reafirmó los talentos de la ucraniana.

La segunda parte la llenó con creces la Séptima Sinfonía de Beethoven, obra clásica de gran efecto y contundencia que el mexicano Hernández supo aprovechar para finalizar la noche con un rotundo éxito. El poco sostenuto de la introducción y el allegretto del segundo movimiento se llevaron algo más rápido que lo usual, sin afectar los demás tempi, lográndose un gran clímax en la coda del primer movimiento.

Se apreció un muy correcto equilibrio en la orquesta, destacando un trabajo minucioso en el detalle de los vientos, destacando las maderas y los cornos, aunque es siempre deseable una mayor presencia sonora de las cuerdas. El finale fue rotundo y brillante, con una coda de gran fuerza que cayó como un rayo, lo que motivó unos prolongados y bien merecidos aplausos.

La crónica continuará pronto con el detalle de lo ocurrido en la recta final del XV Festival Bach, aunque lo escuchado sería suficiente para dejar satisfecho al público melómano, motivo para renovar el reconocimiento al esfuerzo tremendo de Don Francisco Pereda, cuyo entusiasmo puebla de interés el panorama musical de la ciudad.

 


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Publicado por Trujilloarteycultura @ 4:15 PM  | M?SICA
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