Jueves, 10 de julio de 2008

El Recital Esperado

Por Felipe Eduardo de la Rosa Bocanegra

Publicado en Diario La Industria, 8 de julio 2008, Pag A.2

En el 2006, Carlos Eduardo Arancibia, de 18 años, tocó con la OST el concierto de la Coronación de W.A.Mozart. Su interpretación, algo débil estilísticamente y de dinámicas escasas de contraste, sobresalió poderosamente, sin embargo, gracias a una límpida transparencia y una claridad luminosa acompañadas de un dominio de los tempi  contribuyó a recrear la estructura mozartiana con una minuciosidad impecable.

El joven pianista mostraba un potencial formidable. Luego de ganar el 2007 el primer premio del Concurso Chopin en Lima, el ser considerado uno de los mejores pianistas de su generación a nivel nacional era una consecuencia lógica.

Sorprendía que dada su innegable calidad, las instituciones y empresas que apoyan el arte en Trujillo no se interesesaran en tenerlo en un recital o concierto para su ciudad natal. Felizmente la Asociación de Músicos de La Libertad AMCAP hizo realidad esta presentación.

Escucharlo en Trujillo luego de dos años despertaba una expectativa inusual. Prometía ser uno de los mejores recitales de la temporada. Hubiera sido óptimo que se utilizara el Teatro Municipal, la sala idónea para las actividades de música académica de nivel destacado, y en especial para los recitales pianísticos gracias a su magnífico Steinway.

El miércoles 2 en el Teatrín del INC, el recital no colmó las expectativas, y la severidad de la presente crítica corresponde a aquellas, muy superiores a las que provocan otras actuaciones de música académica y con las cuales se debe ser mucho más benevolente.

Por un lado Arancibia sigue teniendo un gran potencial y una capacidad que de ser bien dirigidos y aprovechados redituarán con creces; por el otro, su ejecución en este recital dejó ver que en dos años el pianista no ha evolucionado en los rangos esperados.

Con algo de alarma se pudo notar que su cualidad principal, aquella prolijidad y claridad avasallante, se había reducido pronunciadamente, mientras que su defecto en dinámicas poco contrastadas, falta de matiz y dificultad en apianar, no había disminuído en medida suficiente.

Es cierto que en esto último contribuyó el piano del teatrín del Instituto Nacional de Cultura, instrumento que delata el manejo inexperto y poco cuidadoso al que está sometido en una institución a la que poco parece importarle su mediocridad.

Sin embargo, no todo es culpa del piano, y aunque una noche desafortunada puede tenerla hasta un Brendel, una Argerich o un Lang-Lang, haría bien Arancibia en preguntarse si son los senderos correctos aquellos por los que se ha encaminado, seguramente guiado por sus maestros, y que tal vez convendría un cambio radical de óptica y guía.

La velada se inició con la sonta Claro de Luna de Beethoven, la más popular de las treinta y dos del músico germano. El primer movimiento no transmitió el ambiente de profundo lirismo requerido, quedando una sensación algo hueca, superficial, mecánica. Los dos movimientos siguientes, sobretodo el último, sonó exageradamente desordenado y confuso.

No cambió mucho la cosa con la Primera Balada de Chopin, la pieza más ambiciosa de la noche. Hubo una mejoría en la  intención, pero faltó la dosis de arrebato poético así como las dinámicas que contribuyeran a crear los clímax sonoros de esta gran obra.

La segunda parte estuvo dedicada integramente a Chopin, iniciándose con dos Nocturnos, seguirían luego cuatro Estudios, dos Mazurcas y un Vals que preludiarían a la obra final, la Polonesa Heroica.

Esta últoima fue probablemente la de mejor interpretación, con un cierto cuidado en los matices y en los contrastes; siendo justo resaltar que se trató de un recital amplio y exigente. Como bis brindó la famosa Fantasía Impromptu.

Durante todo el recital, hubo destellos, aquí y allá, de esa claridad y limpieza de antaño, aunque rápidamente sepultados por un torbellino desbocado que culminaba en fortísimos agresivos. La desprolijidad y el descuido en el detalle saltaban a cada paso, opacando la ejecución.

Confiemos en que haya sido una noche sui generis, algo despreocupada y accidentada, y que los talentos de este joven trujillano brillen en todo su esplendor próximamente en Polonia, adonde acudirá representando al Perú.

Esperemos que nuevos aires permitan que encuentre los medios para sacar a relucir sus virtudes y alzarse como el buen virtuoso del piano que merece llegar a ser.

Un detalle deplorable fue la intromisión durante el recital de los ruidos y sonidos provenientes de los salones vecinos del Conservatorio. Instrumentistas ensayando, voces y teclados importunos que se colaban dentro del teatrín, revelando la falta de tino por parte de los responsables, una falta de mínimo respeto y sensibilidad hacia la actividad que se venía llevando a cabo en ese escenario.
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Nota del Blogger.- Lamentablemente los organizadores de espectáculos musicales en el Teatrín del INC no coordinan ni con la Escuela de Teatro, el Conservatorio de Música ni incluso con los mismos grupos artísticos del INC. Deberían además programarlos más tarde cuando las clases y ensayos ya han finalizado. Igualmente se debería cubrir las grietas de la puerta posterior del Teatrín y de la parte del escenario que da a un salón de clases de la Escuela de Teatro.


Tags: Carlos Eduardo Arancibia, recital de piano, trujillo peru

Publicado por Trujilloarteycultura @ 1:55 AM  | M?SICA
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